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News Scoop: November 2, 2007 Vol. 13 Iss. 9

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Table of Contents
Cover Story
Cover Story - Spanish Version
Mini-Lesson
Comprehension Quiz
Teacher's Guide and Worksheets

Lucha contra una tormenta de fuego

Por Joe McGowan
Con reportaje de Coco Masters para TIME

Tom Sollie es el tipo de vecino que uno desearía tener cerca cuando ocurre algún desastre. La semana pasada, una cortina de humo negro cubrió su vecindario, Rancho Bernardo, en San Diego, California. Las llamas furiosas brincaban de un lado a otro alrededor de las casas de su vecindario. Pero en lugar de abandonar a sus vecinos, Sollie, de 49 años de edad, les ayudó a rociar sus tejados con agua. Incluso así, no todas las viviendas se libraron de las llamas. Sollie observó cómo la vivienda de un vecino se incendiaba hasta que no quedó más que la chimenea de ladrillos. "Se consumió como un cirio romano", expresó.

Sollie fue uno de los afortunados. Su casa no sufrió daños cuando más de una docena de incendios devastaron el Sur de California. La ruta de destrucción abrió brechas en siete condados, desde el noroeste de Los Ángeles, a través de San Diego, hasta la frontera con México. Hasta el 25 de octubre, los incendios eran responsables de por lo menos ocho muertos y 58 lesionados. Tan sólo en el condado de San Diego, más de 500,000 residentes se vieron forzados a evacuar la zona. Eso equivale a la mitad de personas que huyeron del huracán Katrina hace dos años. Se incendiaron alrededor de 1,500 viviendas, y aproximadamente 720 millas cuadradas (un área casi la mitad del tamaño de Rhode Island) quedaron carbonizadas por las llamas.

Más de 7,000 bomberos, incluyendo voluntarios de otros estados y de México, batallaron para salvar vidas y sofocar los incendios. En ciertos momentos, parecía no haber esperanza. "Parecía el fin del mundo", dijo Mitch Mendler, un bombero en San Diego.

Triple catástrofe

Uno de los incendios fue provocado a propósito. Pero todos ellos fueron impulsados por los fuertes vientos, el clima caliente y una grave sequía. La semana pasada, las temperaturas en el Sur de California llegaron a estar hasta 10 grados arriba del promedio, alcanzando 100 ° F en algunas áreas. El calor y la poca precipitación secaron los pastos, arbustos y árboles, convirtiéndolos en combustible que podía incendiarse fácilmente.

La peligrosa combinación vino a empeorar con los vientos de Santa Ana. Estos vientos cálidos y secos soplan hacia el oeste desde el desierto y las montañas cada otoño. Este año, los vientos de Santa Ana han sido más fuertes de lo usual, con algunos soplando a más de 100 millas por hora. Estos poderosos vientos han actuado como el lanzallamas de la naturaleza, lanzando frentes de llamas de 200 pies en todas direcciones y esparciendo cenizas incandescentes.

Conforme incendios menores se fusionaban en incendios mayores y más peligrosos, los bomberos tuvieron dificultades para continuar y sofocar los impredecibles incendios. Los fuertes vientos también evitaban que los trabajadores de emergencia volaran aeronaves que pudieran rociar agua y químicos retardantes. Como resultado, los incendios "aparecieron por todo el lugar", dijo un portavoz del condado de San Diego.

Decisiones pequeñas y grandes

Conforme las llamas se acercaban cada vez más, los californianos tuvieron que tomar decisiones inmediatas. Beckie Samuels, de 54 años de edad y su hijo Garrett, de 17, juntaron rápidamente unos cuantos objetos de su casa antes de huir para salvarse. "Nos llevamos álbumes fotográficos, joyas y pasaportes", comentó Beckie a TIME. "Cuando sólo tienes unos cuantos minutos, sólo te llevas lo que es importante".

Después de que el huracán Katrina devastara la Costa del Golfo, el manejo de ese desastre por parte del gobierno enojó a muchos estadounidenses. Esta vez, los esfuerzos de auxilio fueron rápidos y organizados. El miércoles, el presidente George W. Bush declaró zona de desastre mayor en los siete condados quemados. El jueves, el Presidente visitó California para observar de cerca la devastación. "Ustedes deben saber que son importantes para muchas personas", mencionó.

Las pérdidas totales podrían llegar hasta los $1,000 millones en el condado de San Diego. El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, proyectó que este estado necesitaría alrededor de $75 millones de ayuda federal. Pero nadie puede decir cuándo volverán a la normalidad las condiciones. Mucho depende del clima. Hasta el jueves, las temperaturas habían bajado y los vientos de Santa Ana se habían debilitado. Aunque los incendios continuaron cerca de San Diego, varios incendios en el condado de Los Ángeles ya se habían sofocado.

Ahora, los sobrevivientes miran hacia el futuro. Cuando la familia de Matt Nowak huyó de su hogar en el área de Scripps Ranch, en San Diego, sabían que podría ser la última vez que lo vieran. Pero también sabían que sobrevivirían. "Este es uno de los lugares más seguros para vivir en el mundo", expresó a TIME. "Fue terrorífico, pero tenemos esperanzas".

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