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World Report: April 1, 2005 Vol. 10 Iss. 22

This Issue:
Table of Contents
Cover Story
Cover Story - Spanish Version
Mini-Lesson
Comprehension Quiz
Teacher's Guide and Worksheets

Demasiado jóvenes para trabajar

Por Dina El Nabli

Valdemar Balderas tenía 12 años de edad cuando comenzó a trabajar en los campos de Minnesota y Dakota del Norte. Su día comenzaba antes de que saliera el sol y terminaba al anochecer. Valdemar y sus padres trabajaban al rayo del sol quitando la maleza y levantando rocas para despejar los campos de betabel. Casi nunca tenían un día de descanso.

Valdemar ahora tiene 14 años y vive en Eagle Pass, Texas. Todavía trabaja en los campos. Cuando llega el mes de abril, su familia se dirige al norte para comenzar el duro trabajo agrícola que durará varios meses. "Es difícil", dijo Valdemar a TFK. "Es mucho trabajo. Tenemos que caminar mucho en los sembradíos. Al final del día me siento muy cansado".

Juntos, Valdemar y sus padres apenas ganan $500 dólares a la semana por su duro trabajo. En promedio, los trabajadores agrícolas en los Estados Unidos ganan menos de $10,000 dólares al año. "Las personas que recolectan los alimentos que consumimos no pueden vivir de lo que ganan sin la ayuda de sus hijos", dice Len Morris, el productor y director de Stolen Childhoods (Niñez robada), una reciente película documental que trata sobre el trabajo infantil.

Forzados a trabajar
Cerca de 250 millones de niños y niñas son forzados a trabajar en condiciones difíciles y peligrosas alrededor del mundo. Los niños trabajan en minas de metales preciosos, como tejedores de alfombras y en fábricas. Cerca de 500,000 niños y niñas en los Estados Unidos y más de 100 millones en todo el mundo trabajan en sembradíos y granjas.

Muchos países no tienen leyes para proteger a los niños y niñas que trabajan. En los Estados Unidos, la Ley sobre Normas de Trabajo Justas (Fair Labor Standards Act) establece condiciones laborales seguras y limita el número de horas que los niños y niñas pueden trabajar. Pero la ley, que se hizo efectiva en 1938, no se aplica a los niños y niñas que trabajan en los sembradíos. La ley permite que niños y niñas de 12 años de edad trabajen jornadas de 12 horas en los campos, junto con sus familias.

Los expertos calculan que más de 100,000 niños y adolescentes se lastiman en las granjas cada año. Tienen que utilizar cuchillos y tijeras diseñadas para manos adultas. Muchos operan maquinaria pesada y están expuestos a productos químicos venenosos que se usan en la agricultura.

"Si te lastimas, nadie te ayuda", comentó Santos Polendo, de 19 años de edad, para TFK. El pasó 10 años trabajando en los campos. Tenía que cargar canastos de cebollas que pesaban 40 libras en un calor sofocante. Sufría de frecuentes dolores de espalda, en las rodillas y la cabeza. "A veces el calor era tan insoportable que la cabeza me dolía toda la semana", cuenta Polendo.

Un boleto para un futuro mejor
Las familias de migrantes tienen que viajar regularmente para encontrar trabajo en los campos. El año pasado, la familia Balderas sacó a Valdemar de la escuela en abril. No pudo regresar a la escuela hasta octubre. Cuando regresó, con mucha dificultad alcanzó el nivel de la clase con la ayuda de tutores.

Debido a que los niños migrantes faltan mucho a la escuela, alrededor del 65% la abandonan.

Tristemente, sus problemas con frecuencia pasan desapercibidos. "Son prácticamente invisibles" dice Ellen Trevino, que atiende a migrantes en un programa llamado Motivación, Educación y Capacitación (MET). "La mayoría de nosotros nunca vamos a los campos. No comprendemos la situación por la que pasan".

El año pasado, el Departamento del Trabajo recortó los fondos a programas para jóvenes migrantes en 31 estados. Estos programas proporcionaban tutores y recursos para los niños, y compensaban los ingresos que los padres no ganaban cuando sus hijos estaban en la escuela.

La Asociación de Programas de Oportunidades para los Trabajadores Agrícolas (Association of Farmworker Opportunity Programs) lucha para recuperar el dinero para los programas educativos y de capacitación para migrantes, como el MET, y para aumentar los ingresos de los trabajadores agrícolas adultos. El grupo también está ejerciendo presión sobre el Congreso para proporcionar a los niños y niñas que trabajan en la agricultura la misma protección que se les da a otros niños y niñas que trabajan.

Pero para Santos Polendo y otros niños y niñas migrantes, la educación es el boleto para un futuro mejor. Polendo dejó de trabajar en los campos hace dos años, después de que su padre enfermó. Se va a graduar de la preparatoria en mayo y quiere ir a la universidad y convertirse en maestro de arte. Algún día, Polendo también quiere tener una familia. Él espera que sus hijos jamás tengan que trabajar en los campos. "No quiero que pasen por lo que yo pasé", dice.

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