World Report: September 27, 2002 Vol.8 No.3
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- Table of Contents
- Cover Story
- Cover Story - Spanish Version
- Mini-Lesson
- Comprehension Quiz
- Teacher's Guide and Worksheets
Regreso a casa
Los polvorosos caminos que conducen a Afganistán están llenos de autobuses multicolores, coches tirados por caballos y gente que se tambalea bajo los montones de ropa que lleva en los brazos. Camiones de carga llenos de pertenencias apiladas (bicicletas viejas, flamantes armazones de cama, colchas brillantes) avanzan lentamente a lo largo de los rocosos caminos ondulados. Estos viajeros vienen de muchas direcciones, pero comparten la misma meta: llegar a casa.
Desde que el pasado noviembre Estados Unidos ayudó a derribar al gobierno Talibán, el estricto gobierno islámico de Afganistán, los afganos han llegado, en cantidades nunca vistas, a ocupar sus casas. De acuerdo con las Naciones Unidas, 1.6 millones de afganos han vuelto para reconstruir su país y sus vidas. Se fueron por su propia seguridad y ahora regresan llenos de esperanza. "Los niños en Afganistán sonríen más que cualquier otro grupo de personas con las que me haya cruzado", dice Sarah Telford, quien trabaja para las Naciones Unidas. "La mayoría de estos niños nunca antes habían puesto un pie en Afganistán, porque sus padres han estado huyendo del peligro desde hace mucho años, pero de alguna forma, se sienten como si estuvieran en casa".
Salir de la oscuridad
Un país plagado de guerra y opresión por 23 años está regresando lentamente a la vida. Durante los seis años de gobierno Talibán, no se permitía que las mujeres y niñas trabajaran, fueran a la escuela y ni siquiera que mostraran la cara en público. Shamim Hariwa pasó esos años escondida en su hogar en Kabul. No podía salir sin llevar una túnica, o burka, que la cubría de la cabeza a los pies. Ahora la vida es distinta. Días después de la caída del régimen Talibán, Hariwa se deshizo de su burka. Actualmente trabaja para la línea aérea nacional. "Ahora soy yo misma y ya no me ocultaré", dice Hariwa.
La lucha por la reconstrucción
La reparación del frágil país representa muchos retos para Afganistán. Pueblos y villas completos fueron destruidos durante una larga guerra con Rusia y por las batallas entre distintas tribus afganas. Escuelas, caminos y hospitales se encuentran en ruinas. Hay escasez de alimento, electricidad y hasta de agua potable. Tres años de sequía han dejado las granjas improductivas e incapaces de producir cultivo alguno.
Evidentemente, el país no está en condición de recibir las oleadas de refugiados que regresan. Mucha gente en todo el mundo está trabajando para ayudar. Los afganos dependen, en gran parte, de la ayuda internacional que se proporciona en alimentos, medicina y ropa.
Este mes, las Naciones Unidas anunciaron que Afganistán necesitará $300 millones de dólares adicionales para ayudar a la reconstrucción. La semana pasada, el presidente Bush ofreció $80 millones de dólares para ayudar a reconstruir las carreteras en Afganistán. Si las carreteras no están en buenas condiciones, los grupos de ayuda no pueden hacer llegar alimentos y materiales para construcción hasta las remotas villas. Cuando llegue el crudo invierno, las temperaturas caerán por debajo de cero. Si los refugiados no cuentan con comida y un lugar donde resguardarse, no sobrevivirán.
También hay amenazas contra el gobierno provisional establecido el pasado diciembre. En los territorios rurales del norte aún dominan los jefes militares de la localidad. Este mes, el presidente Hamid Karzai escapó a un intento de asesinato. Después de tantos años de régimen estricto, no todos los afganos están listos para aceptar el nuevo liderazgo.
Pero los ministros del gobierno local están trabajando para probar y encontrar formas para que el pueblo de Afganistán viva unido y en paz. La creación de trabajos y la reactivación de la economía es el primer paso importante. "Se han creado cientos de miles de trabajos para permitir que los afganos empobrecidos ganen lo suficiente para vivir y cubrir sus deudas", dice Lakdhar Brahimi, un representante afgano ante las Naciones Unidas.
Mientras tanto, mucho de los que han regresado disfrutan con las cosas más sencillas. Ahmad Mureed, de 7 años, asiste a clases en una escuela recién reconstruida con la ayuda de soldados ingleses y turcos. "Tengo 47 compañeros de clase, y ¡todos aprendemos al mismo tiempo!", exclama Ahmad. El salón de clases sólo tiene un escritorio para el maestro en el frente y una vieja alfombra roja para que los niños se sienten. Nasima Yousuzfai, una maestra de la Escuela Nozoana, dice que no le importa contar con tan escaso mobiliario escolar: "Por lo menos estamos aquí".

