World Report: March 14, 2003 Vol. 8 No. 20
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- Cover Story
- Cover Story - Spanish Version
- Mini-Lesson
- Comprehension Quiz
- Teacher's Guide and Worksheets
Libertad de expresión
Stephen Downs, de 61 años, y su hijo Roger, de 31, fueron de compras al centro comercial Guilderland, en Nueva York, el lunes pasado. No se imaginaron que sus compras les fueran a salir tan caras.
Los dos adquirieron camisetas impresas. La de Roger decía: "No a la guerra con Irak". La de su papá decía: "Paz en la Tierra". Se pusieron las camisetas sobre la ropa que traían puesta. Los mensajes antiguerra llamaron la atención de un guardia de seguridad, quien les pidió que se las quitaran. Ellos se rehusaron y el guardia regresó con un oficial de la policía quien les pidió que se quitaran las camisetas o que se fueran. Roger se quitó la suya, pero su papá todavía se negó a hacerlo.
"Yo les dije, 'Está bien, arréstenme si es lo que tienen que hacer'", recuerda Stephen Downs. "Y eso hicieron. Me pusieron las esposas y me sacaron de ahí". Dos días después, aproximadamente 100 personas marcharon en el centro comercial para protestar y apoyar a Downs. El cargo por invadir propiedad privada fue retirado, pero los dos estaban muy molestos.
"Creo que le deben una disculpa", dijo Roger respecto a su padre.
ES UN PAÍS LIBRE
Los estadounidenses valoran la libertad de expresión y de palabra. El derecho a expresar nuestras ideas, escribiéndolas en libros, gritándolas en una manifestación o imprimiéndolas en una camiseta, está protegido por la Primera Enmienda. Esta enmienda es una de las 10 enmiendas de la Carta de Derechos, añadida a la Constitución en 1791. Los legisladores de entonces aceptaron la Carta de Derechos, porque consideraban que algunas libertades importantes, entre ellas la protección de la libertad de expresión, debían ser parte de la Constitución.
Sin embargo, los expertos de la Primera Enmienda señalan que el derecho a hablar libremente va de la mano con un requisito implícito de actuar con responsabilidad. "Muchos estadounidenses tienen un sentido enorme de sus derechos y un sentido muy pequeño de su responsabilidad", dice Sam Chaltain, coordinador del proyecto de Escuelas sobre la Primera Enmienda. "Nuestros derechos están en la Primera Enmienda, pero la enmienda funciona solamente si respetamos los derechos de aquellos que están en desacuerdo con nosotros".
CUANDO LAS COSAS SE PONEN DIFÍCILES
Con la posibilidad de guerra en Irak, las emociones por todo el país están exaltadas. El pasado miércoles, decenas de miles de estudiantes de preparatoria y universidad en todo Estados Unidos salieron de los salones de clase y realizaron enormes manifestaciones antiguerra. Otros estadounidenses sienten con la misma intensidad que deben apoyar las decisiones de nuestros líderes. Esos grupos también han realizado manifestaciones y expresado sus ideas. Cuando los dos puntos de vista chocan, hay problemas.
Tomemos el caso de Toni Smith, una jugadora de baloncesto de la Universidad de Manhattanville, en Nueva York. Ella está en contra de ciertas políticas de los Estados Unidos, y decidió no saludar a la bandera cuando se toca el himno nacional antes del juego.
Algunos seguidores de equipos contrarios empezaron a abuchear a Smith. Traían insignias de la bandera estadounidense y ondeaban la bandera para provocar a Smith. El 23 de febrero, un veterano de la Guerra de Vietnam bajó a la cancha y sostuvo la bandera frente a ella. Lo sacaron de allí, no por expresar su punto de vista, sino por interrumpir el juego.
"Toni Smith estaba demostrando un sentido patriótico al hacer lo que ella sentía que debía hacer", dijo Chaltain a TFK. "Todas las personas que eligen ponerse de pie y colocar su mano sobre el corazón cuando se toca el himno, están de igual manera ejerciendo esa libertad".
La Primera Enmienda ha sido modificada muchas veces. Las decisiones de los tribunales la han limitado para proteger la privacidad individual o la seguridad nacional, entre otros objetivos. Pero la libertad de expresarse, ya sea en favor de las políticas del gobierno o contra ellas, es uno de los derechos (y responsabilidades) fundamentales de todos los estadounidenses. Es, de hecho, el corazón de nuestra democracia.

