World Report: September 9, 2005 Vol. 11 Iss. 2

La costa en crisis

Por Andrea Delbanco

Albert McClebb de New Orleans pudo ver de cerca al huracán Katrina. "Cuando el viento arrancó las ventanas, me asusté. Mi casa comenzó a inundarse", declaró McClebb, de 28 años de edad, para TIME. "Caminamos varias millas a través del agua, encontramos un autobús y nos subimos".

McClebb es uno de los que corrió con suerte. Miles de personas no pudieron escapar del desastre en New Orleans. En algunas partes la inundación alcanzó una profundidad de 20 pies. La ciudad se inundó tras el paso del huracán Katrina, que golpeó la costa del Golfo de México el 29 de agosto.

Katrina generó vientos con una velocidad de 145 millas por hora que levantaron poderosas murallas de agua en el Golfo de México, conocidas como oleaje de tormenta, que se adentraron en tierra firme. El número total de fallecidos en Louisiana, Mississippi, Alabama, Georgia y Florida podría ascender a miles de personas.

La tormenta golpeó primero el sur de Florida. Entonces, tras adquirir fuerza en el mar, Katrina se lanzó sobre Biloxi y Gulfport, Mississippi, de frente y con una fuerza mortífera. Los hogares y los negocios fueron reducidos a escombros. Pueblos enteros quedaron destruidos. A lo largo del sureste las plantas de energía se vieron afectadas, dejando a millones de personas sin electricidad.

Empeoran los problemas en New Orleans
Después del paso del huracán, la situación sólo empeoró para New Orleans. Aunque Katrina no golpeó directamente la ciudad, la tormenta abrió cuatro boquetes en los diques construidos para evitar las inundaciones. El agua entró a borbollones y al poco tiempo la ciudad se sumió en el caos.

El gobierno ordenó la evacuación total de la ciudad. Los sobrevivientes de la tormenta, atrapados en sus hogares, subieron a los techos para esperar a que los helicópteros o los botes los rescataran. Se tuvo que evacuar a más de 20,000 personas que se habían refugiado de la tormenta en el estadio Superdome cuando las condiciones en el interior se volvieron insoportables. Miles más esperaron fuera del centro de convenciones de la ciudad, con la esperanza de que llegaran autobuses para transportarlas a un lugar seguro. Personas desesperadas aprovecharon el desastre para robar provisiones de las tiendas cerradas. También hubo informes de ataques violentos entre aquéllos que se quedaron en la ciudad.

Hasta el viernes pasado, todavía no estaba claro cuándo se permitiría el regreso de las personas a la ciudad. Incluso después de que la inundación retroceda, las áreas afectadas estarán expuestas al peligro. "Va a ser increíblemente peligroso", afirmó Michael Brown, el director de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency o FEMA). Advirtió de los peligros que encierran los edificios muy dañados y el agua contaminada. El alcalde Ray Nagin pronosticó que "la ciudad no podrá funcionar durante dos o tres meses".

Una economía inestable
La devastación afecta a todos los estadounidenses. La mayoría del petróleo y gas del país provienen de la costa del Golfo. Las plataformas, refinerías, oleoductos y gaseoductos sufrieron daños o cerraron. El presidente George W. Bush autorizó la liberación de petróleo de la reserva nacional de emergencia para ayudar a satisfacer la demanda de energéticos del país. Aún así, los precios de la gasolina, ya de por sí en su nivel histórico más alto, se dispararon arriba de $3 dólares por galón. Los alarmados automovilistas se enfrentaron a largas hileras en las gasolineras debido a la escasez.

Las exportaciones también pueden verse afectadas. Los barcos transportan cultivos y productos a lo largo del río Mississippi pasando por el puerto de New Orleans con rumbo a otros países. La semana pasada, cientos de barcos yacían quietos en el río. Las primeras estimaciones indican que Katrina podría ser uno de los huracanes más costosos en la historia del país. Es posible que también sea uno de los más mortíferos.

¿Y ahora cuál es el plan?
Los miembros del Congreso de los Estados Unidos regresaron anticipadamente de su receso para aprobar un proyecto de ley que autoriza 10,500 millones de dólares para que la FEMA continúe sus labores de ayuda. Las organizaciones de caridad están recabando millones de dólares gracias a donadores en todo el país que desean ayudar.

Hasta el viernes pasado, el personal de ayuda trabajaba día y noche para ayudar a las víctimas más afectadas. Algunas personas consideraron que la respuesta del gobierno no había sido suficiente. Estas personas estaban enojadas. El presidente Bush, que visitó el área, prometió apoyo. "Muchas personas se están esforzando para ayudar a aquéllos que han sido afectados. El resultado no es aceptable", afirmó. "Superaremos esta situación y vamos a ayudar a las personas que lo necesitan".