World Report: February 29, 2008 Vol. #13 Iss. #19

Cinco años de guerra

Por Nellie Gonzalez Cutler Michael Duffy/Washington; Mark Kukis/Bagdad

Hace poco, en una mañana fría, unos cuantos clientes avanzaban por las aceras de al-Kindy, un distrito comercial en el centro de Bagdad, la capital de Irak. Hace un año, los bombardeos frecuentes habían cerrado muchas de las tiendas. "Las cosas han mejorado un poco", dice el dueño de una tienda. "Pero no tanto como esperábamos".

En enero del año pasado, el presidente George W. Bush ordenó que se enviaran 30,000 tropas estadounidenses a Irak para apoyar a las 130,000 que ya se encontraban allá. El Presidente admitió que los esfuerzos para restablecer la seguridad en Irak habían fracasado. Parecía que el país se hundía cada vez más en una guerra civil. Bush propuso el aumento de tropas para detener la violencia.

Un año después, los analistas indican que el aumento ha tenido un éxito limitado. "Todavía tenemos mucho trabajo por hacer", dice el teniente general Ray Odierno, el segundo comandante de los Estados Unidos en Irak.

Un precio alto para todos

Hace casi cinco años, los Estados Unidos invadieron Irak. Después de retirar del poder a Saddam Hussein, los iraquíes votaron en elecciones libres. Pero las diferencias religiosas y étnicas comenzaron a dividir al país. El grupo terrorista al-Qaeda estableció bastiones en el país y comenzó una campaña de bombardeos y ataques suicidas. Los combatientes, llamados insurgentes, lanzaron a los grupos religiosos uno contra otro.

El conflicto ha tenido un precio muy alto tanto para iraquíes como para estadounidenses. Durante el 2006, casi 3,000 iraquíes fueron víctimas de actos de violencia cada mes. Al menos 3,960 miembros del ejército de los Estados Unidos han muerto desde que comenzó la guerra.

La estrategia del aumento

Una vez que llegaron las tropas a Irak, los líderes del ejército estadounidense montaron nuevas ofensivas contra al-Qaeda y los insurgentes sunitas. En Bagdad, las tropas se trasladaron a las bases de los vecindarios más violentos de la ciudad. Las tropas viven entre los residentes y patrullan a pie. En la provincia de Anbar, al oeste de Irak, los Estados Unidos ha recurrido a tribus locales e incluso a vecindarios enteros para levantarse en contra de los insurgentes. Durante el año pasado, se formaron más de 125 ejércitos locales. Conocidos como grupos de Ciudadanos Locales Preocupados (Concerned Local Citizens), los combatientes voluntarios sirven de ojos y oídos de las fuerzas estadounidenses.

Pero al expulsar a los insurgentes de unas áreas, éstos se reagrupan en otras. El asesinato, las amenazas de muerte y los secuestros siguen siendo muy comunes en Irak.

Pequeños pasos hacia delante

El 13 de febrero, el parlamento iraquí aprobó medidas que establecen las bases para que los grupos rivales compartan el poder entre sí. Una nueva ley establece las próximas elecciones locales en octubre. "Estos son asuntos difíciles que requieren de mucho compromiso", indica el embajador de los Estados Unidos en Irak, Ryan Crocker. "Pero son importantes pasos hacia delante".

Aun así, los funcionarios temen que estas ganancias se pierdan si se desata de nuevo la violencia. El verano pasado, el líder chiíta Muqtada al-Sadr ordenó a sus combatientes que dejaran de atacar a las fuerzas de Estados Unidos. El cese al fuego de seis meses terminará pronto. Una miembro sunita del parlamento, Asmaa al-Dulaimi, advirtió que si la tregua se termina, esto podría acabar con las esperanzas de una reconciliación nacional. "Si retoman sus actividades, ya sea en contra del gobierno o de los civiles, se provocará una nueva confrontación con ellos", dijo ella sobre los combatientes de al-Sadr.

Irak es un lugar más seguro ahora de lo que lo era hace 12 meses. Varios miles de las tropas estadounidenses que participaron en el aumento ya comenzaron a regresar a casa. El general David Petraeus, el principal comandante de los Estados Unidos en Irak, deberá testificar ante el Congreso en abril. Su consejo es abordar con prudencia el regreso de las tropas a casa. En Irak, el progreso debe medirse en pasos pequeños.