El jueves, la costa de Carolina del Norte fue golpeada por vientos tremendos. Casas resultaron dañadas y las calles se llenaron de ramas y piezas de autos. Así se anunció la llegada del huracán Isabel, una gran tormenta del tamaño del estado de Montana. Más de 4.5 millones de hogares se quedaron sin electricidad cuando Isabel golpeó los cables de energía. Vientos peligrosos soplaron a más de 100 millas por hora, volteando automóviles y arrancando letreros y techos de casas. Se suspendió el servicio de transporte aéreo.
En Washington, D.C., el gobierno federal cerró sus oficinas. Muchas escuelas y negocios a lo largo de la región también cerraron sus puertas. Muchos eventos se cancelaron. "La gente está asustada", dijo Scott Kiser, del Centro Nacional de Huracanes (National Hurricane Center), el jueves pasado. "Todos esperan que donde quiera que estén, se encuentren a salvo de estos vientos".
Fuertes lluvias e inundaciones siguieron después de la tormenta, causando aún más daños. En Baltimore, Maryland, y Alexandria, Virginia, los vecindarios se inundaron con agua que llegaba hasta la cintura.
A pesar de que Isabel hizo desastres, las oportunas advertencias del Centro Nacional de Huracanes ayudaron a reducir el número de víctimas. Aproximadamente 17 personas murieron por causas relacionadas con la tormenta. Debido a que a principios de la semana se avisó que la tormenta estaba en camino, la mayoría de la población tomó precauciones. Algunos manejaron cientos de millas para alejarse de la costa y buscar refugio. John y Rita Razze dejaron su hogar en Chadds Ford, Pennsylvania. "Por lo regular, nos quedamos aquí y esperamos hasta que pase", dijo John. "Esta vez, vamos a salir de aquí".
UN NUEVO Y MEJOR RASTREO DE TORMENTAS
Antes de que la tormenta llegara, los científicos estudiaron el comportamiento de Isabel. Al observar los movimientos del huracán, los meteorólogos pudieron predecir la fuerza de sus vientos y el lugar donde tocaría tierra.
Hasta el año pasado, las formas que los científicos tenían de entender el clima, les permitían predecir qué tan fuerte sería una tormenta solamente tres días antes de que sucediera. Ahora, pueden estimar la ruta y la fuerza de la tormenta cinco día antes. La semana pasada, la nueva alerta con mayor anticipación permitió a la Marina de los Estados Unidos alejar los barcos para evitar que la tormenta los dañara.
EN EL OJO DEL HURACÁN
Los Cazadores de Huracanes (Hurricane Hunters), una unidad especial de la Reserva de la Fuerza Aérea ayudó a rastrear la ruta de Isabel. Los Cazadores tienen la difícil pero importante tarea de volar dentro de la tormenta para medirla.
El 13 de septiembre, la mayor Christa Hornbaker y su tripulación volaron dentro de Isabel. Tan pronto su avión se acercó al centro de la tormenta, a 10,000 pies de altura, vientos de 200 millas por hora azotaron la aeronave. La turbulencia era tan fuerte que Hornbaker tenía dificultad para leer la pantalla de su computadora donde estaba ingresando la información. El avión de Hornbaker estuvo en el aire por seis horas. "El ojo de la tormenta ofrece una vista increíble al observador", dijo Christa. "Ves la tormenta a más de 50,000 pies de altura y parece que estás parado en el piso de un estadio muy grande. Te sientes muy pequeño, a pesar de que te encuentras en un avión grande".
Cinco días después de la misión, Isabel llegó a la costa, tal como los Cazadores lo predijeron. Hornbaker dice: "Al volar dentro del huracán el objetivo que perseguimos es ayudar a salvar vidas".