Imagina un director de orquesta. En tu mente, el director quizás esté parado en el podio frente a un grupo numeroso de músicos. Es muy probable que este director imaginario tenga una batuta en su mano y la agite con fuerza por el aire. Quizás, la expresión del director sea muy seria, concentrándose en su tarea.
¿El director que te imaginas es hombre o mujer? Hoy en día, la respuesta depende de la persona a la que se le pregunte. Sin embargo, durante cientos de años, no hubiese sido así. Hasta hace poco tiempo, la mayoría de los directores eran hombres.
Incluso en los años 60, cuando JoAnn Falletta estaba creciendo en Queens, Nueva York, pocas mujeres dirigían orquestas. Los padres de Falletta la llevaban a conciertos en Carnegie Hall y siempre veía hombres en el podio. "Sin embargo, mis padres nunca hicieron distinciones entre lo que hacían los niños y lo que hacían las niñas", Falletta dijo a TFK. Le hicieron saber que las niñas podían hacer cualquier trabajo. Cuando Falletta tenía 11 años, tenía un gran objetivo. Algún día dirigiría una orquesta.
Grandes sueños, mucho trabajo
A Falletta le encantaba la música desde que era una niñita. Cuando cumplió 7 años, su padre le regaló una guitarra pequeña y clases con un profesor. "Desde la primera lección, siempre me imaginé como músico", Falletta expresa. "La música se había convertido en el centro de mi vida".
Falletta pasaba horas practicando con la guitarra y fue aceptada en la Escuela de Música Mannes, en la Ciudad de Nueva York. Allí, les pidió a sus maestros que la dejaran estudiar dirección. Pero ellos se preocupaban porque, quizás, no podría seguir esa carrera. "No queremos que trabajes tanto en esta difícil profesión y que no tengas oportunidades únicamente por ser mujer", recuerda que le decían. En ese tiempo, los roles de las mujeres estaban cambiando. "De pronto, era común ver médicas", dice Falletta, "y había mujeres gerentes de empresas". Finalmente, convenció a sus maestros para que le dieran una oportunidad y poder alcanzar su sueño.
Después de años de mucho trabajo, Falletta se convirtió en una de las mejores directoras. Hoy en día, Maestro Falletta viaja por el mundo dirigiendo tres orquestas muy conocidas: la Filarmónica de Buffalo, la Sinfónica de Virginia y la Orquesta de Ulster en Irlanda del Norte. Ella dice que una parte importante de su trabajo es reconocer y alentar el talento que hay a su alrededor. "La grandeza es del grupo, de los músicos", dice.
Pionera del podio
Mucha gente piensa que Falletta es una pionera y la felicitan por su coraje. Pero ella insiste en que no merece el crédito por eso. "Para mí, no tenía que probar nada", dice Falletta. "Amaba la orquesta, amaba la música que se tocaba allí y tenía que estar en ese lugar".
Aún así, sus logros han tenido un gran impacto. Cuando Falletta se convirtió en directora, fue una de las pocas mujeres en el mundo en tener ese puesto. En la actualidad, muchas más mujeres son directoras. Falletta las ayudó a abrir el camino hacia el podio.
